Desde muy temprano, cuando el mañana no era más que el día de después, los cristales empañados de las ventanas de mi casa eran el lugar perfecto para inicirme en el arte del garabateo musical.

 

Las torcidas líneas que mis dedos pintaban, serían con el tiempo el reflejo ideal del sendero de mi vida.

 

Empecé pronto con la música, y mis padres en un alarde de esfuerzo y tesón fueron abasteciendo mis sueños de instrumentos y profesores por si el niño les salía un pequeño Barenboin.

 

Aquellas cinco líneas se fueron conviertiendo en mi autopista hacia el cielo, en mi tranvía del deseo.

 

Fueron mi forma de aprender que los sueños son pendientes que se suben con esfuerzo, que todo es poco pero poco es suficiente, y que jamás habrá un tesoro más valioso que el respeto.

 

PEP VILA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sense Pols